sábado, 6 de septiembre de 2008
Soledad
Hace unos dias leí una frase de un conocido pensador, rezaba: "La soledad es la experiencia central de la vida de un hombre".
Si uno se para a pensarlo, la abrumadora certeza de la afirmación nos hace sufrir una molesta sensación de rechazo, pero no por eso deja de ser cierta.
Lo que viene a decirnos, puede resultar una obviedad: estamos solos.
Lo que ocurre es que necesitamos percibir que vivimos dentro de una comunidad que garantice nuestra existencia, nacemos dentro de un ser humano y desde que tenemos vida sentimos su calor, sus latidos y dicen que sus emociones, desde la primera exalación de aire allí estan para cuidarnos los padres, y también están durante los primeros años de vida, tiempo en el que conceptuamos el mundo.
Así, la sensación de que alguien vela por nosotros es primígena en nuestro razonamiento, y buscamos formulas para reafirmar esta sensación.
La necesidad de percibir afecto es vital al inicio, así, es fundamental a la hora de entender a nuestras emociones. La calidad y intensidad de ese afecto marcará nuestro carácter.
En nuestro dia a dia, la percepción de soledad se difumina, la presencia de otras personas y la interacción con ellas crea una sensación de acompañamiento, de compañia.
Hay personas que generan una dependencia hacia esta sensación y blindan estrategias para sentirse permanentemente acompañadas, su problema, porque lo es, es que no saben estar con si mismos, la soledad se les hace insoportable, porque solo hay silencio y recorren a cualquier cosa que los aleje de esa sensación de vacío, y es que posiblemente así lo estén, vacíos.
Por el contrario, hay quien constantemente dialoga consigo mismo, o más bien dicho, con todos sus "yo".
Pienso en que hay una relación inversa entre la actividad intelectual y la necesidad de compañia.
Es decir, la actividad intelectual se da en un proceso interno de la persona, las condiciones externas le afectan, por ejemplo : los necesarios silencios de las bibliotecas, el emmudecimiento cuando reflexionamos, creamos una idea, evaluamos una situación, cuando buscamos una respuesta o recordamos el pasado.
Como todo, el equilibrio es la situación ideal pues el pensamiento individual, ese intelecto, necesita contrastes, contradicciones, retos y reafirmaciones externas, si no están, existe el peligro de caer en un circulo perverso del razonamiento que aleja el pensamiento individual de la realidad.
Es decir, uno puede crear su propia realidad y si se esta solo no hay manera de saber cuanto nos se ha alejado de lo cierto.
Es en esencia el "Pienso ergo existo". El Ser y el ser de Platón.
Dicen que la madre naturaleza es sabia, en este sentido y de forma generalizada todos pasamos más tarde o más temprano por una experiéncia que nos recuerda de una forma vital, hasta que punto estamos solos y nuestra fragilidad.
Ese "mal trago" esta muy ligado a la percepción de la muerte.
Quiero decir, que la intensidad de esa percepción, de que somos vulnerables, nos muestra nuestro irreversible y inevitable destino, y sentimos miedo.
Nuestro cerebro reacciona com ha aprendido a hacerlo ante el miedo, pero esa certeza de un fin que no tiene solución y no hay ayuda posible, nos lleva a una profunda sensación de soledad.
De aquí el extraordinario éxito de la religión, pues estas, dan soluciones al problema de morirse. Plantean la existencia de una entidad que nos acompaña en todo momento, antes, durante y después de la vida.
Cuando se está enfermo de verdad, nuestros esquemas cambian, nuestro patrimonio material se desvanece, se vuelve efimero, la compañia pasa a ser una incomodidad, solo está nuestro cuerpo, el que provoca el sufrimiento y nuestras voces interiores.
Podemos decir que el ser intelectual está encadenado al cuerpo, tanto es así, que aquello de "ment sana in corpore sano", se manifesta en algo tan cotidiano como una pesadilla nocturna por una mala digestión de la cena.
Si vamos más allá, y si somos conscientes que nuestro cuerpo se deteriora con el tiempo, sería lógico pensar que nuestra mente también.
Si llegasemos a la vejez con el mismo pensamiento de cuando somo jovenes, nos volveriamos locos, pues no aceptamos la idea de dejar de existir.
Por lo que he visto, el cerebro es consciente del proceso biológico de la muerte y lo gestiona con naturalidad, y lleva a afirmaciones como la de un conocido escritor "doy mi vida por vivida, ahora quiero descansar".
Así y después de tanta vuelta, quizá se trata de descubrirnos a nosotros mismós, escucharnos para buscar y cambiar para equilibrarnos , disfrutar de nuestro tiempo y vivirlo con naturalidad. Sería fantastico descubrir que, al final, no estamos tan solos y que de alguna manera nos acompañan los que están, los que estuvieron y la perspectiva de los que estarán. ( ah, y seria especialmente bonito descubrir a un Diós.)
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