sábado, 23 de agosto de 2008

Venganza

Venganza

Cuando uno forma parte de una comunidad de personas acepta cierta cantidad de normas de convivencia para armonizar la actividad propia con la del resto.

No quiero referirme a las normas escritas, leyes, reglamentos, a los códigos penales ni civiles, si no a esas normas agazapadas en la cultura que implícitamente todos aceptamos de forma universal.

El bien y el mal serán interpretados de forma distinta en diferentes sitios y en diferentes momentos, pero siguen existiendo como dos fuerzas opuestas, de forma universal y independientemente de la interpretación los individuos deben alinearse, mayoritariamente, a la del bien para precisamente propiciar la convivencia del grupo.

Cuando alguien de una comunidad quebranta esas "normas" entrando en el pecado, el delito, la ofensa, todos, incluido el malo, esperan una reacción reconductora.

Sea, por que todo el mundo ya de niños, han concebido y conceptuado ese reajuste de los equilibrios, por parte de una entidad tuteladora, por ejemplo: aquí y en Irak cuando un niño rompe un baso, genera la expectativa de una reprimenda de sus tutores.

Justicia, pues, podríamos llamar a ese reajuste del equilibrio del bien y del mal.

No quiero hablar de los órganos institucionales que componen ese poder, ni de la manera en como se imparte esa justicia, si no de como en nuestro interior equilibramos esas fuerzas ante algo injusto.

Creo no equivocarme, que prácticamente todo el mundo, cuando es víctima de una situación injusta, alberga la expectativa de la venganza que aunque no reponga el mal causado alvie su rabia interior.

Unos depositan en Dios la tarea de "saldar cuentas" cuando llegue el momento, al pecador le espera una eternidad de sufrimiento ardiendo en las llamas del infierno, mientras él gozará de las bondades del paraíso celestial.

Otros, más pragmáticos, desean el castigo de pecador mientras este esté con vida y confieren la potestad del castigo a los mecanismos que la comunidad haya establecido.

Muchos, que no creen ni en lo uno ni en lo otro, recurren a infligir el castigo por si mismos, dependiendo de la gravedad de la ofensa incluso llegará a pecar, delinquir, etc. Bajo la inmunidad de lo que cree una causa justa.
El jemplo más claro, lo encontramos en aquellos paises en los que se aplica la pene de muerte.
Pero imaginemos que no, que se trata de una cuestión de baja entidad. Cuando alguien de confianza traiciona los pactos de amistad, cuando alguien no respeta los valores sociales, como la familia, etc. Las otras personas cavilan en su interior la venganza.

"No te volveré a hablar"
"Da por terminada esta amistad"
"Hemos acabado como pareja"

Son ejemplos de la finalidad del acto de justicia, poner fin a una relación, a una amistad o romper un lazo familiar, pero la gente no lo entiende como acto de justicia. Evidentemente que se llegará a eso, faltaría más, pero no es suficiente ... Quiero ver sufrir a mi ofensor....

Resulta curioso, porque precisamente ese sentimiento, esa emoción, no es cultural, es natural en las personas humanas, ya incluso en la tierna infancia.

Así debemos aceptar la venganza como un sentimiento propio que busca en nuestro interior el equilibrio emocional ante una situación que creemos injusta.
¿ Debemos canalizar y dominar la venganza para armonizarla con la comunidad? ¿Es eso posible?

Ay, que difícil es autodoblegarnos, pero supongo que forma parte de ese proceso "evolutivo" en el que las comunidades son la mejor propuesta para vivir... O quizás seria interesante replantearnos eso.






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